Un tranquilo día de navegación en el Splendour

Como después de la tempestad siempre viene la calma, al día siguiente nos tocaba una placentera jornada de navegación.

El día amaneció soleado, aunque bastante fresquito.

Cada vez me gustan más los días de navegación, sin horarios, sin largas caminatas, sin nada que hacer.

Paseando por la cubierta

La mañana la dedicamos esencialmente a pasmar:

Pasear por la promenade exterior, asistir a la demostración de doblado de toallas, una agradable charla en el teatro con los artistas (evento del crown&anchor) y la recepción vip en el Schooner dónde el capitán nos informó de primera mano del incidente de la noche anterior.

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Almuerzo en el restaurante Izumi

Ese día habíamos reservado para el almuerzo una mesa en el Restaurante Izumi, una de las novedades introducidas en el Splendour tras su paso por dique seco el invierno anterior, y que está importado de los barcos de la clase Oasis.

Es un restaurante de comida japonesa, con una amplia carta a la hora de la cena, pero algo más limitada a la hora del almuerzo.

El sistema de pago era un tanto extraño.


Nosotros habíamos hecho la prerreserva en la web de RCI, y se nos había hecho un cargo nominal de 10 $ por persona.

Así que disponíamos de un saldo a nuestro favor de 20 $ para invertir en el Restaurante, dónde cada plato tiene un precio diferente (entre los 5 y los 7 $ la mayoría, aunque también hay alguno que alcanza los 10 $).

El precio de las bebidas también hay que descontarlo del saldo inicial, (en nuestro caso, dos copazos de sake orgánico que estaba de muerte).

Al final, deberás abonar con tu tarjeta sea-pass la diferencia entre lo consumido y el saldo inicial.

¡¡Extraño sistema!!

Como habíamos estado picoteando aperitivos con el capitán, no teníamos mucha hambre, pero siguiendo su recomendación pedimos un «menú especial Capitano» y lo que nos comimos estaba buenísimo.

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Contemplando la Isla de Ítaca

Der Spion decidió entonces fumarse el puro, que tan celosamente guardaba en su maleta desde el crucero del año anterior, dónde no había tenido ocasión de fumárselo.

Yo decidí irme a remojar un rato al jacuzzi, para contemplar, desde esa cómoda atalaya, como navegamos alrededor de la Isla de Ítaca, y atravesábamos el Estrecho

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Fiesta en la piscina

Esa tarde, además de relajarnos contemplando la navegación, pudimos disfrutar de una agradable fiesta en la piscina, dónde se celebraba la elección del Mister Splendour.

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Noche de Gala en el Splendour

Esa noche era la segunda gala, así que tras acicalarnos nos fuimos a dar un paseíto por las tiendas del barco, que siempre ofrecen los mismos productos, aunque en el Splendour había una tienda Britto, como en los barcos de la clase Oasis, con un montón de objetos de regalo originales.

Entre esmoquins, kilts escoceses y trajes de noche de todo tipo, nos hizo especial gracia el simpático atuendo de este grupo de pasajeras japonesas

Antes de la cena, pasamos por el Schooner para tomarnos un vinito en compañía del simpático Juanito, un pianista mexicano que amenizaba las veladas pre-cena, que esa noche estaba acompañada por Tom, un pasajero que era todo un profesional de la armónica

Menú de Gala en Royal Caribbean

El menú de la cena de gala era más o menos como la de las noches anteriores.

Aunque no había langosta, todo lo que pedimos estaba buenísimo, en especial el vinito.

Espectáculo acrobático en el Splendour of the Seas

Después de la cena, un espectacular número aéreo-acrobático en el Atrium

Y después del espectáculo aéreo, el tradicional baile a lo Village People, típico en los barcos de Royal.

En esta ocasión tenía unos espectadores de excepción, que a juicio de cómo se reían, se lo debían de estar pasando bien.

Aunque la Sra. Monja decidió ausentarse y dejar solo al Sr. Cura, que siguió «desmelenándose» durante el resto de la noche.

Después de eso, trenecito chu-chu de los pasajeros por todo el atrium, gin tonics con Anselmo y sus canciones al piano, y a dormir, que al día siguiente teníamos que madrugar para ir a Dubrovnik.

Por cierto, este camarote estaba al lado del nuestro, pero no llegamos a saber durante todo el cruise quién lo habitaba

A nosotros nos esperaba un murciélago esa noche

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