Navegación complicada al salir de Kusadasi

Al día siguiente de nuestra maravillosa escala en Mykonos, estaba previsto llegar a Atenas.

Pero desde el primer día, en Venecia, nos habían informado que, con toda probabilidad sería cancelada, debido a que en esas fechas había prevista una huelga general en toda Grecia, y no estaba garantizada la seguridad de los huéspedes ni el transporte público entre el Pireo y Atenas.

Escala no programada en Kusadasi

Efectivamente, la tarde-noche anterior, el capitán confirmó que la escala se cambiaba por Kusadasi.

Kuşadası es una ciudad balneario ubicada en la provincia de Aydın y el centro del distrito costero del mismo nombre en la costa egea de Turquía, a 90 km al sur de Esmirna, y a 71 km de la capital provincial de Aydın situada en el interior.

Linda al norte con el distrito de Germencik, al sudeste con el de Söke, al oeste con el Mar Egeo y al norte con el distrito de Selçuk.

Su principal industria es el turismo.

Nosotros habíamos estado ya en más de una ocasión allí, la ultima un año antes, a bordo del Equinox, por lo que no nos apetecía repetir la visita a Éfeso.

Por ello, decidimos no darnos mucha prisa para bajar, y dedicamos el día a hacer shopping en las tiendas del Bazar.

Lo cierto es que el día nos cundió y volvimos al barco cargados de paquetes para comer y luego por la tarde volvimos a bajar y seguimos con las compras.

Las botas de agua auténticamente falsas de Burberry que me compré ese día me vinieron muy bien los últimos días en Venecia, pero ya llegaremos a eso.

Os pongo algunas fotos de nuestra jornada de compras.

En la tienda del puerto, las pobres mascotas de peluche seguían exactamente igual que el año anterior, no debieron tener mucho éxito entre los cruceristas.

Entre compra y compra, también tuvimos tiempo de tomarnos un refresco.

Aunque me siguen haciendo gracia estos anuncios, en esa ocasión decidimos dejar los Tag Heuer y los Breitling auténticamente falsos para otra ocasión mejor.

Eso sí, nos compramos un montón de polos La Martina, Polo, Fred Perry, etc., auténticamente falsos también.En esta última foto se aprecian mis maravillosas botas de agua auténticamente falsas de Burberry.

A media tarde, volvimos al barco, ya que teníamos la primera recepción para miembros del Crown Anchor, el club de fidelización de Royal Caribbean Internacional.

Con estos aperitivos, y sobre todo con estos riquísimos Bellini que me metí entre pecho y espalda, me estaba preparando, sin yo saberlo, para aguantar estoicamente el incidente de navegación que sufriríamos esa noche.

Tras la recepción, nos dedicamos a dar una vuelta por el barco, tomarnos un vinito pre-cena en el Schooner, y presenciar desde la barrera las clases de baile, estilo Lady Gaga, que se impartían en el Centrum

También aprovechamos para sacarnos la tópica y típica foto en las escaleras del hall.

La cena estuvo aderezada con un magnifico vino, que no había probado antes, pero que se ha convertido en una de mis botellas de referencia cuando logro encontrarlo en A Coruña a un precio asequible.

Incidente en el Splendour of the Seas

Tras la cena, gin tonic de rigor en el Schooner, y entonces ocurrió.

Ya al zarpar de Kusadasi hacía mucho viento y la lluvia arreciaba por momentos.

A lo lejos se presagiaba una fuerte tormenta, y el barco se movía bastante.

El calor era asfixiante en el Schooner (supongo que motivado por la mezcla entre el Bellini, el Pinot Noir y la ginebra).

Tenía tanto calor que le pedí a Der Spion que me acompañase a la cubierta, a tomar el aire, ya que me encontraba mal y estaba empezando a marearme.

Cuando salimos, el viento era tan fuerte que lanzaba contra nosotros el agua del mar y era prácticamente imposible permanecer en el exterior, así que decidimos volver a entrar.

En ese justo instante, el barco se escoró hacia un lado, de manera brutal, hasta el punto de que al entrar, veíamos a la gente agarrada a las paredes, que estaban totalmente inclinadas, como si estuviesen en cuesta.

Tengo que destacar el comportamiento de la gente en ese momento.

Nosotros estábamos en la cubierta 4, la promenade, a la altura del Centrum, dónde hasta entonces se estaba desarrollando una fiesta latina, con los miembros de animación del barco y el pasaje venezolano.

La música dejó de sonar, pero nadie gritó y todo el mundo mantenía la calma.

Inmediatamente, y por la megafonía del barco, el capitán explicó lo que estaba sucediendo:

Fuertes ráfagas de viento, de más de 150 km/hora, le habían obligado a dar un viraje y doblar al barco para evitar otros males mayores, pero la situación estaba absolutamente bajo control y no había porque preocuparse.

A los pocos minutos, el barco se enderezó y todo volvió a la «semi-normalidad», pese a que el viento y la lluvia seguían arreciando.

Decidimos ir al camarote, a ver si había ocurrido algo, ya que en algunos lugares se habían caído vasos y también objetos desde las cubiertas superiores al Centrum.

Todo estaba bien, salvo las copas de vino y las tónicas, que sin llegar a caerse, se habían desplazado ligeramente.

Creo que mi lívida expresión, en la foto, denota claramente el momento que acabábamos de pasar.

El barco, ya enderezado, seguía moviéndose vertiginosamente, así que decidimos salir del camarote y volver a las zonas comunes, ya que allí nos sentíamos quizá más seguros.

Poco a poco, la situación se fue normalizando, y hasta terminamos en el Viking Crown, que por las noches funcionaba de discoteca, bailando la macarena.

Lo cierto es que en todos los cruceros que había hecho hasta ese momento, nunca había pasado por una situación tan difícil y espero no volver a pasarla nunca, aunque por desgracia, en un crucero por Canadá y Norteamérica, zarpando de Boston, tuvimos otro grave y bastante similar incidente.

El fenómeno no duró más de dos minutos, (aunque a mí se me hicieron eternos ),  y el resto de los días, aunque el barco se movía en algunos momentos, no tuvimos ningún problema.

Este era el ambiente al finalizar la cena, momentos antes al vendaval que nos escoró tras la escala de Kusadasi.

En este vídeo, podéis escuchar el mensaje del capitán llamando a la calma.

En la recepción del día siguiente en el Schooner, nos explicó que las corrientes marinas y el viento huracanado, superior a los 150 km/hora, le obligaron a realizar esa maniobra e inclinar el barco para evitar otras cosas.

La explicación la dio muy detallada, pero como no entiendo ni papa de física, ni de esas raras leyes que hacen que las cosas floten, no me enteré de nada.

También tenía algo que ver con los tanques de lastre: al parecer, las corrientes le obligaban a llevar lleno el tanque de lastre, que más tarde colaboraría negativamente a la escora del barco.

Al menos eso entendí yo.

Tras el incidente, cada uno se alivió como pudo.

Un nutrido número de pasajeros se quedó en el patio central, y el resto nos repartimos por el barco.

Nosotros concretamente subimos a la disco Viking Crown, donde aguantamos el chaparrón al ritmo de la macarena y otros inolvidables éxitos.

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