Hay personas capaces de organizar un viaje al otro lado del mundo con una precisión admirable: vuelos, hoteles, excursiones, restaurantes, traslados, entradas, rutas y hasta el color de la camiseta que se van a poner para hacerse la foto delante del templo de turno.
Pero luego llega la pregunta del seguro de viaje y aparece el clásico:
—¿Seguro? No, si a mí nunca me pasa nada.
Claro. Y tampoco se nos ocurre ponernos el cinturón porque, total, nunca hemos tenido un accidente. Hasta que lo tenemos.
Los españoles viajamos cada vez más al extranjero y también nos animamos con destinos más lejanos, diferentes y exóticos.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2025 los residentes en España realizaron 175,7 millones de viajes y los desplazamientos al extranjero aumentaron un 5,2%.
Aunque los viajes internacionales representaron el 13% del total, concentraron el 36,9% del gasto turístico, con un gasto medio diario de 131 euros.
Es decir, para vuelos, hoteles, excursiones y restaurantes parece que solemos encontrar presupuesto.
Para el seguro, en cambio, todavía hay quien sigue haciendo cuentas.
Y no, no estoy diciendo que haya que contratar el seguro más caro del mercado ni una póliza que cubra hasta si el mono del hotel decide quedarse con nuestra maleta.
Pero cuando viajamos fuera de Europa, especialmente a destinos remotos o con sistemas sanitarios muy diferentes al nuestro, contratar un buen seguro no debería ser una opción secundaria.
Debería formar parte del viaje desde el principio.
Un seguro de viaje no es pagar por miedo
Yo siempre contrato un seguro de viaje. Siempre. Y no porque sea una persona especialmente catastrofista, aunque quienes me conocen quizá tengan algún comentario al respecto, sino porque prefiero pagar una cantidad razonable antes del viaje y olvidarme de problemas que pueden convertirse en una auténtica ruina.
Una caída haciendo senderismo, una intoxicación alimentaria, una apendicitis, una infección, un accidente de tráfico, una hospitalización o la necesidad de regresar a España por motivos médicos pueden costar muchísimo dinero en determinados países.
Y cuando digo muchísimo, no me refiero a que la factura sea un poco más cara que una consulta privada en España. Me refiero a cantidades capaces de arruinar unas vacaciones y poner en serios aprietos económicos a una familia.
No parece un consejo especialmente extravagante cuando hablamos de un país con zonas de montaña, rutas de trekking, infraestructuras sanitarias limitadas y áreas de difícil acceso.
Un seguro completo puede incluir, según la póliza:
- asistencia médica y hospitalaria;
- traslado o evacuación sanitaria;
- repatriación médica;
- regreso anticipado por una emergencia familiar;
- gastos de acompañamiento;
- pérdida, robo o demora del equipaje;
- pérdida de documentación;
- responsabilidad civil;
- asistencia jurídica;
- gastos derivados de retrasos o cancelaciones;
- y cancelación del viaje por las causas expresamente contempladas.
Aquí está la palabra importante: expresamente.
Porque contratar una cobertura de cancelación no significa que podamos cancelar el viaje porque nos hemos levantado un martes con pocas ganas de ir a Bali.
Las pólizas cubren determinados supuestos, con límites, condiciones y exclusiones. Conviene leerlos antes de contratar y no cuando ya estamos en el aeropuerto, con la maleta facturada y descubriendo que aquello que pensábamos que estaba cubierto resulta que no.
No todos los seguros son iguales
En el mercado hay muchas compañías y muchas modalidades. Algunas ofrecen pólizas básicas, otras están especializadas en viajes largos, cruceros, deportes de aventura, trekking o destinos concretos.
Por eso no basta con contratar “un seguro” y guardar el correo de confirmación en una carpeta que después jamás volveremos a abrir.
Antes de elegir conviene comprobar:
- cuál es el límite real de gastos médicos;
- si la compañía paga directamente al hospital o tenemos que adelantar nosotros el dinero;
- si incluye evacuación y repatriación;
- qué ocurre si tenemos una enfermedad previa;
- si cubre actividades como senderismo, buceo, esquí o trekking en altura;
- qué causas permiten cancelar el viaje;
- hasta cuándo podemos añadir la cancelación;
- si cubre la vuelta anticipada;
- cómo funciona la asistencia 24 horas;
- y qué teléfono debemos utilizar desde el extranjero.
También conviene revisar los seguros incluidos en algunas tarjetas bancarias. Pueden ser útiles, pero no siempre tienen las coberturas, límites o condiciones que necesitamos. Y lo mismo ocurre con confiar únicamente en la Tarjeta Sanitaria Europea.
La tarjeta sanitaria europea sirve para recibir asistencia sanitaria necesaria durante estancias temporales en determinados países europeos, en las mismas condiciones que las personas aseguradas en el país de destino.
Pero no cubre la asistencia privada, el salvamento ni la repatriación. La propia Unión Europea recuerda que es recomendable contar con un seguro adicional para cubrir esos riesgos. Y, evidentemente, la tarjeta sanitaria europea no nos sirve para viajar a Nepal, Japón, Estados Unidos, Vietnam, Tanzania o cualquier otro destino fuera de su ámbito de aplicación.
La embajada tampoco es una compañía de seguros. Puede ayudarnos en una emergencia, orientarnos, facilitarnos contactos, expedir documentación provisional o coordinarse con las autoridades locales.
Pero no está para pagar cualquier factura médica, una hospitalización privada o una repatriación que no tengamos cubierta.
Nepal nos recuerda que los imprevistos existen
Estos días hemos visto cómo una tragedia ocurrida en Nepal y en la zona fronteriza con el Tíbet ha dejado centenares de víctimas, personas desaparecidas y numerosos turistas extranjeros incomunicados.
El 27 de agosto, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, informó de que había ciudadanos españoles que no habían podido ser localizados y pidió a familiares y allegados que contactasen con los teléfonos de emergencia consular.
El consulado honorario en Nepal, la Embajada de España en Nueva Delhi y el Consulado General en Pekín se movilizaron para intentar localizar y atender a los españoles afectados, según informó RTVE.
La información ha ido cambiando con el paso de las horas y las autoridades han podido localizar a parte de los ciudadanos españoles, mientras continuaban las labores de búsqueda.
La situación seguía siendo muy complicada el 29 de agosto, con carreteras destruidas, comunicaciones interrumpidas y muchas personas todavía incomunicadas.
No afirmo que la falta de inscripción en el Registro de Viajeros sea la causa de que una persona no pueda ser localizada.
Sería irresponsable decirlo sin información oficial. Pero este tipo de tragedias sí nos recuerda algo muy importante: cuando sucede una emergencia, cuantos más datos fiables tengan las autoridades, más fácil resulta intentar contactar con quienes están en la zona y con sus familiares.
Y ahí aparece una herramienta gratuita que todavía utiliza mucha menos gente de la que debería.
El Registro de Viajeros del MAEC: gratuito, voluntario y muy útil
El Registro de Viajeros del Ministerio de Asuntos Exteriores permite comunicar a las autoridades españolas nuestros datos y los de nuestro viaje cuando vamos a desplazarnos temporalmente al extranjero.
Existe también una App que se puede descargar en la misma página, en Google Play o en App Store.
Podemos indicar el destino, las fechas, el alojamiento, el itinerario aproximado, nuestros datos de contacto y los de las personas que viajan con nosotros. Su finalidad es facilitar la localización y la comunicación en situaciones de emergencia o necesidad.
Y antes de que alguien diga que no quiere que “le controlen”, conviene aclarar algunas cosas.
No es un sistema de seguimiento por GPS. No es un registro policial. No sirve para que alguien sepa en qué restaurante estamos cenando ni para que Exteriores nos llame para preguntarnos si hemos visitado ya el monumento de turno.
Es una herramienta voluntaria pensada para que, si ocurre una catástrofe natural, un conflicto, un atentado, una crisis sanitaria, un accidente grave o una situación de incomunicación, las autoridades puedan saber que estamos allí y tengan una forma de contactar con nosotros o con nuestros familiares.
Naturalmente, registrarse no garantiza que vayamos a ser evacuados inmediatamente ni sustituye a la responsabilidad personal de seguir las recomendaciones de las autoridades locales. Tampoco sustituye a un seguro de viaje. Son dos cosas completamente distintas y complementarias.
El seguro protege principalmente frente a los gastos y la asistencia que podamos necesitar.
El Registro de Viajeros facilita que sepan dónde estamos y cómo localizarnos.
Antes de salir de casa, cinco minutos
Antes de emprender un viaje internacional, especialmente si el destino está lejos o implica zonas rurales, montañosas o de difícil acceso, yo haría estas cinco cosas:
- Consultar las recomendaciones de viaje del MAEC para el país de destino.
- Contratar un seguro médico y de viaje con coberturas suficientes para ese viaje concreto.
- Inscribirme gratuitamente en el Registro de Viajeros.
- Compartir con una persona de confianza el itinerario, las reservas, los vuelos y la póliza contratada.
- Llevar copias digitales y físicas del pasaporte, seguro, teléfonos de emergencia y medicación habitual.
No hace falta obsesionarse ni convertir la preparación del viaje en una oposición de la Administración General del Estado. Son unos minutos que pueden ahorrarnos muchos problemas si ocurre algo inesperado.
Porque viajar es disfrutar, descubrir, probar comidas que no sabemos pronunciar y volver con cientos de fotografías que después no tendremos tiempo de ordenar.
Pero viajar también es hacerlo con un mínimo de responsabilidad.
Podemos recorrer el Himalaya, bañarnos en una playa paradisíaca, perdernos por los mercados de Vietnam o hacer un safari en África. Podemos viajar solos, en pareja, con amigos, en grupo organizado o a nuestro aire.
Lo que no deberíamos hacer es marcharnos al otro lado del mundo pensando que, si ocurre algo, ya veremos.
El viaje empieza cuando empezamos a prepararlo. Y contratar un buen seguro y registrarse en el MAEC también forman parte del equipaje.
Aunque no salgan en ninguna fotografía.