¿Qué podemos hacer en una escala de crucero en Dubrovnik?

Tras la plácida jornada de navegación, tocaba madrugar para la escala en Dubrovnik.

Lo cierto es que el horario en puerto era un poco extraño, de 7.00 a 13.00, así que para evitar contratiempos decidimos pillar el shuttle de Royal, al módico precio de 10 $ por persona, que nos trasladaría hasta la entrada de la ciudadela.

Yo había estado en un crucero anterior en Dubrovnik, pero para Der Spion era su primera vez, y lo cierto es que estábamos un poco asustados.

Todo lo último que habíamos visto y leído sobre esta escala coincidían en una cosa: masificación

Pero la suerte estaba de nuestro lado y cuando llegamos a la ciudad antigua, en torno a las nueve de la mañana, las únicas personas que poblaban sus calles eran los lugareños

¡¡Genial!!

Un paseo por la Perla del Adriático

Podríamos disfrutar de Dubrovnik para nosotros solos y visitar -aunque solo fuese un vistazo exterior- las diez cosas imperdibles en la preciosa Perla del Adriático

  • Murallas de la ciudad.
  • Gran Fuente de Onofrio.
  • Calle Placa o Stradum.
  • Columna de Orlando.
  • Palacio Sponza.
  • Iglesia de San Blas.
  • Palacio Ducal.
  • Puerto Viejo de Dubrovnik.

La ciudad de Dubrovnik (la antigua Ragusa) es la capital del condado Dubrovnik-Neretva.

Se encuentra situado a 495 km. de la capital de Croacia, Zagreb, a 340km de Zadar y a unos 216 km. de Split.

Al parecer, Dubrovnik significa Robledal, por la cantidad de árboles de este tipo que existían en la zona.

En la antigüedad, Dubrovnik fue dominada por los Bizantinos, venecianos, húngaros y turcos.

Su declive comenzó cuando, en 1667, un terremoto asoló toda la ciudad, pasando a ser propiedad de Austria.

La perla del Adriático, como también se la conoce, fue una de las ciudades que más sufrió la guerra contra Serbia.

De hecho, todavía se pueden ver restos de los bombardeos en algunos de sus edificios y en la muralla.

En 1991, el 6 de diciembre, fue bombardeada con más de 2000 bombas, y miles de casas fueron destruidas.

Hacía un frio intenso, así que decidimos tomarnos un cafelito para entrar en calor, y de paso aprovechar la línea wifi free de la terracita para consultar nuestro correo electrónico.

Y tras el paréntesis cafetero, comenzamos a callejear y a subir y bajar escaleras, aunque alguno decidió no secundarme, y esperarme abajo

Un interesante mercadillo callejero en Dubrovnik

En la plaza, mientras tanto, las croatas comenzaban a instalar el mercadillo con sus productos

Me llamó especialmente la atención la prohibición de instalar rótulos publicitarios que afeen las fachadas, y los vehículos no contaminantes para la distribución de mercancías.

Creo que las autoridades españolas podrían tomar ejemplo, y exigir cosas parecidas en los cascos antiguos de muchas de nuestras ciudades, en la actualidad totalmente afeados por los rótulos, los grafitis y la contaminación de los coches.

Paseo por las Murallas de Dubrovnik

Dubrovnik seguía vacía de turistas a esa hora.

Por ello, nos animamos a subir a las murallas y así poder contemplar los tejados de la ciudad.

Lo cierto es que la subida, pese a la fatiga, merece mucho la pena

Dubrovnik está totalmente rodeada por una gran muralla, que alberga 16 torres, a la que se accede por la entrada situada en la zona norte, cerca de la iglesia de St. Spasa.

Es un recorrido de hora y media que tan sólo nos costó unos tres euros al cambio.

La muralla data del Siglo X, aunque fue restaurada en el siglo XVII.

En total suma 1.940 metros, con un grosor de 6m. hacia tierra y 3 hacia el mar.

Su altura es de 25 m.

Juego de Tronos

Hoy en día, los seguidores de la serie Juego de tronos tienen muchos motivos para visitar Dubrovnik, ya que parte de la popular serie de televisión se rodó allí.

La ciudad sirvió para recrear las ficticias ciudades de Desembarco del Rey y Qarth y en la actualidad, son numerosas las empresas turísticas que ofrecen un tour guiado de la serie Juego de Tronos.

Después de casi un par de horas recorriendo la muralla, decidimos que había llegado la hora de bajar.

Tras la caminata, cervecita croata, un poco de compras, y a probar suerte subiéndonos a ese curioso saliente, que por lo que habíamos visto en un reportaje de «Callejeros Viajeros», el que consigue mantenerse en él sin caerse tiene la suerte garantizada de por vida.

Nosotros lo conseguimos, aunque haciendo un poquillo de trampa.

Lo cierto es que nuestro temor a encontrarnos una ciudad dónde apenas era posible caminar, fue totalmente infundado.

Supongo que también se debió a la hora tan rara en que hicimos la escala, ya que a las 12.45, cuando volvíamos en el último shuttle al puerto, pudimos ver que también había un MSC y un Azamara atracados ese día

Almuerzo a bordo del Splendour

Al regresar al barco estábamos tan cansados que ni siquiera nos apetecía recorrer el Windjammer buscando la comida, así que nos fuimos a comer al comedor principal, que ese día estaba abierto para el almuerzo.

Compartimos mesa con un simpático matrimonio de Belfast y un curioso personaje, residente en New York pero nacido en Laussane (Suiza), que se encontraba realizando su sexto crucero anual, siempre alojado en suite porque no soportaba chocarse con los dispensadores de jabón en las duchas de los camarotes convencionales.

Lo cierto es que pasamos un rato super divertido con ellos, y al forofo de las suites nos lo encontramos paseando por el centro de Venecia el día del desembarque, algo cabreado porque aunque él seguía en el Splendour, haciendo lo que los yanquis denominan «back to back», había tenido que cambiarse de suite y en la nueva ¡¡no tenía piano !!

La tarjeta Wow de Royal Caribbean

Esa tarde tocaba el triste momento de hacer maletas, repartir propinas y una curiosa modalidad que tienen en los barcos de Royal y que se denomina «wow».

Consiste en una tarjeta con la que los pasajeros, con categoría Crown&Anchor superior a Emerald, pueden premiar la labor de una persona de la tripulación, y que supongo luego se traduce en mejoras laborales para quien la recibe.

Nosotros decidimos dar nuestro «Wow» a nuestro encantador asistente de camarote, que se portó maravillosamente durante todo el cruise

Yo era la primera vez que lo veía pero había leído sobre ello en los foros americanos.

Es una pequeña tarjeta que te dejan en el camarote, junto al diario de a bordo y demás documentación el día del embarque.

En ella tienes que poner los datos completos de la persona a la que quieres beneficiar con el «WOW» -se supone que es alguien que ha conseguido con su trabajo que en tu estancia a bordo hayas pronunciado más de una vez la palabrita «wow» que es algo así como nuestro «ohhhh-.

Debes poner también por qué le otorgas el Wow, y tienes dos opciones: o entregárselo en mano al elegido, o depositarlo en recepción, junto a la encuesta, al final de crucero.

Al parecer, para los trabajadores que lo reciben es muy importante, y eso les ayuda a ser elegidos «trabajador del mes», «trabajador del año» y todas esas cosas que tanto les gustan a los americanos.

Solo pueden concederlo los pasajeros que ostenten la condición de Emerald o superior en Crown@Anchor.

Para animar el momento maletil, decidimos, como no podía ser de otra manera, pedir nuestro último plato de quesos al servicio de habitaciones para acompañar nuestras ultimas copas de vino.

Y como hacer las maletas parece que abre mucho el apetito, Der Spion decidió seguir en el Windjammer, con sus tradicionales tapitas de antes de la cena.

También, y para no perder la costumbre, vinito pre-cena en el Schooner, con nuestro amigo Juanito.

Última cena a bordo del Splendour of the Seas

Y nuestra última cenita a bordo, y la despedida de nuestros camareros ¡¡hasta la próxima!!

¡Creo que esa fue una de las pocas noches que no logramos acabarnos la botella de vino!

Así que Der Spion decidió llevarla de paseo y terminársela en el camarote a medianoche.

Nuevamente el espectáculo aéreo, aunque esta vez lo vimos desde otra perspectiva, en la cubierta 7.

Últimas compras en las tiendas del barco, compra de la única foto, que además de la del embarque, nos habían hecho los fotógrafos a bordo, gin tonic y a dormir.

Al día siguiente había que madrugar para desembarcar en Venecia.

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