El Comienzo de la Aventura
En noviembre de 2015 tuvimos la ocasión de realizar este impresionante crucero por Sudamérica a bordo del MS Zaandam.
Los que seguís Los Viajes de Luciabox, sabéis que nos encanta viajar en crucero y que hemos realizado ya un montón de itinerarios alrededor del mundo.
La emoción de explorar el fin del mundo comenzó mucho antes de poner un pie en el MS Zaandam, de la naviera Holland America.
Estancia pre-crucero en Nueva York







Nuestro viaje arrancó con una breve pero vibrante estancia de cuatro noches en Nueva York, pero eso forma parte de otra historia.
Nueva York, la ciudad que nunca duerme, seguida de tres días en Buenos Aires, la cuna del tango y la pasión argentina fueron el prólogo perfecto para este viaje.
Además, nuestra estancia coincidió con la maratón de la ciudad, que pudimos contemplar desde Central Park.
Estos dos prólogos contrastaron de manera perfecta con la aventura que estaba por comenzar:
Un crucero de 14 días por Sudamérica, bordeando algunos de los paisajes más remotos y fascinantes del planeta.
El MS Zaandam, de la naviera Holland America, se convirtió en nuestro hogar flotante.
Este buque, inspirado en la música clásica, ofrecía un ambiente de elegancia y comodidad que nos preparaba para las maravillas que íbamos a descubrir.
Elegimos viajar en noviembre, al inicio de la primavera austral.
Cuando el clima es suave, la naturaleza está en plena floración y las multitudes aún no han llegado.
Era el momento perfecto para explorar los confines de Sudamérica.
Buenos Aires: La Ciudad del Tango











Buenos Aires, puerto de embarque del crucero, es una ciudad que vive y respira tango.
Sus calles están llenas de vida, con una mezcla de arquitectura colonial y moderna que refleja su rica historia y cultura.
Durante los días previos al embarque, tuvimos la oportunidad de explorar algunos de los barrios más iconicos de la ciudad.
La Boca, con sus casas coloridas y su vibrante vida artística.
San Telmo, donde las milongas nos ofrecieron una muestra auténtica del tango.
Y Palermo, un barrio moderno lleno de cafés, tiendas de diseño y parques.
El día del embarque, nos dirigimos al puerto de Buenos Aires, donde el MS Zaandam nos esperaba imponente, listo para llevarnos hacia el sur.
Montevideo: Encanto Colonial








Nuestra primera escala fue Montevideo, una ciudad que nos recibió con su tranquilidad y encanto colonial.
En contraste con la vibrante Buenos Aires, Montevideo se siente como una ciudad detenida en el tiempo, donde la vida se desarrolla a un ritmo pausado.
Caminamos por la Ciudad Vieja, un laberinto de calles empedradas flanqueadas por edificios históricos que cuentan la historia de Uruguay.
La Plaza Independencia, con su estatua de Artigas, el héroe nacional, y el Teatro Solís, uno de los teatros más antiguos de América Latina, son testimonios de la rica herencia cultural de la ciudad.
El Mercado del Puerto fue uno de los puntos culminantes de nuestra visita.
Aquí, entre el humo de las parrillas y el sonido del candombe, podéis disfrutar un asado uruguayo que es toda una experiencia culinaria.
Para terminar la visita, un paseo por la Rambla nos permitió disfrutar de las vistas del Río de la Plata y la brisa marina, antes de regresar al barco, listos para continuar nuestra travesía hacia el sur.
Port Stanley: La Naturaleza Indómita de las Malvinas




La siguiente escala nos llevó a un destino mucho más remoto: Port Stanley, en las Islas Malvinas.
Este pequeño pueblo británico, perdido en el Atlántico Sur, nos ofreció un contraste fascinante con las grandes ciudades que habíamos visitado hasta ahora.
Las Malvinas son un lugar donde la naturaleza domina el paisaje, y la fauna es la protagonista indiscutible.
Tuvimos la increíble oportunidad de ver colonias de pingüinos Magallanes, que se movían torpemente por la playa, y focas que descansaban plácidamente en las rocas.
La sensación de estar en un lugar tan remoto, casi en el fin del mundo, es difícil de describir.
Port Stanley, con sus casas de colores y su iglesia anglicana de Christ Church, ofrece un toque pintoresco a un paisaje dominado por la inmensidad del océano y la dureza del clima.
La historia de las Malvinas, marcada por el conflicto entre Argentina y el Reino Unido, se siente presente en cada rincón de la isla, agregando una capa adicional de complejidad a este destino fascinante.
Punta Arenas: El Portal a la Patagonia





Desde las Malvinas, navegamos hacia el Estrecho de Magallanes, hasta llegar a Punta Arenas, el punto de entrada a la vasta y salvaje región de la Patagonia chilena.
Punta Arenas es una ciudad con una rica historia, ligada a la exploración y la colonización de esta región inhóspita.
Su clima extremo y la sensación de aislamiento la convierten en un lugar fascinante para visitar.
En nuestra exploración de la ciudad, recorrimos la Plaza Muñoz Gamero, rodeada de edificios históricos como el Palacio Sara Braun.
También visitamos el cementerio municipal, conocido por sus mausoleos y cipreses bien cuidados.
Por motivos de salud de mi madre, no pudimos realizar la excursión al Parque Nacional Torres del Paine.
Este parque es un espectáculo natural, con montañas escarpadas, lagos turquesa y una fauna diversa que incluye guanacos y cóndores.
La inmensidad de la Patagonia se siente en cada rincón, y estar allí te hace sentir pequeño frente a la grandeza de la naturaleza.
¡Tendremos que repetir crucero para poder visitarlo!
Ushuaia: La Ciudad del Fin del Mundo

Nuestra travesía por el sur de Sudamérica nos llevó a Ushuaia, la ciudad más austral del mundo.
Ushuaia está situada en la Isla Grande de Tierra del Fuego, justo en el borde del continente.
Rodeada por montañas nevadas y bañada por las frías aguas del Canal Beagle, Ushuaia es un lugar que encarna la esencia del fin del mundo.
Explorando el Canal de Beagle



















Uno de los momentos más memorables de nuestra estancia en Ushuaia fue la excursión en un barco pequeño por el Canal Beagle.
Este estrecho cuerpo de agua, que separa las islas del archipiélago de Tierra del Fuego, ofrece vistas impresionantes de un paisaje indómito y salvaje.
Desde el agua, pudimos contemplar la majestuosa cordillera de los Andes, cuyas cumbres nevadas parecen caer directamente en el mar.
Durante la navegación, nos acercamos a varias islas que albergan colonias de lobos marinos y cormoranes, aves marinas que se posan en las rocas y vuelan sobre nuestras cabezas.
Uno de los puntos culminantes fue el Faro Les Eclaireurs.
Conocido como el «Faro del Fin del Mundo», es una estructura solitaria que ha guiado a los navegantes durante más de un siglo.
Verlo de cerca, rodeado por la inmensidad del océano y el paisaje montañoso, es una experiencia que realmente te hace sentir en un lugar remoto y especial.
El silencio, interrumpido solo por el viento y los sonidos de la fauna, nos permitió conectarnos con la naturaleza en su estado más puro.
Fue una experiencia tranquila, pero profundamente impactante, que nos recordó la vastedad y la belleza del planeta.
Paseo por la Ciudad de Ushuaia










Después de nuestra aventura en el canal, pasamos la tarde explorando la ciudad de Ushuaia.
A pesar de su ubicación extrema, la ciudad tiene una energía vibrante y acogedora.
Caminamos por la calle principal, Avenida San Martín, donde encontramos una mezcla de tiendas, cafés y museos.
Uno de los más interesantes es el Museo del Fin del Mundo, que ofrece una visión de la historia de la región, desde las antiguas culturas indígenas hasta los exploradores que desafiaron estas tierras inhóspitas.
La ciudad también cuenta con varios puntos de interés que ofrecen vistas espectaculares del Canal Beagle y las montañas circundantes.
El clima frío y cambiante, junto con la luz del sol que se filtra entre las nubes, crea un ambiente único que hace que cada paseo por la ciudad sea una experiencia diferente.
La mezcla de colores en el cielo, las montañas, y el mar crea paisajes que parecen sacados de una pintura.
Conclusión: Ushuaia, Un Lugar Inolvidable
Aunque nuestra visita a Ushuaia fue breve y no exploramos el Parque Nacional Tierra del Fuego, las experiencias que vivimos en el Canal Beagle y la ciudad fueron suficientes para dejar una marca imborrable en nuestra memoria.
Ushuaia es un lugar que combina la dureza de la naturaleza con la calidez de sus habitantes, y su atmósfera única nos recordó constantemente que estábamos en el verdadero fin del mundo.
Es un destino que invita a la reflexión y a la conexión con la naturaleza, y que sin duda merece ser visitado al menos una vez en la vida.
Puerto Montt: La Puerta de los Lagos






Después de explorar los confines australes, nuestro crucero continuó hacia el norte, haciendo escala en Puerto Montt, la puerta de entrada a la región de los Lagos de Chile.
Aquí, los paisajes volcánicos y lacustres ofrecieron un contraste con los paisajes helados del sur.
En nuestra excursión por la región, visitamos el Lago Llanquihue, uno de los lagos más grandes de Chile, con el imponente Volcán Osorno dominando el horizonte.
Frutillar, un pequeño pueblo con una fuerte influencia alemana, nos recibió con sus casas de té, música clásica y vistas espectaculares del lago.
Esta región es un crisol de culturas, donde las tradiciones indígenas mapuches se mezclan con la herencia de los colonos alemanes, creando una experiencia única.
La tranquilidad de este entorno natural, con sus verdes praderas y aguas cristalinas, fue el complemento perfecto para las aventuras más extremas que habíamos vivido días antes.
Valparaíso y Viña del Mar: El Encanto del Litoral Central








El viaje culminó en Valparaíso, una ciudad bohemia y llena de historia, conocida por sus coloridos cerros y su vibrante vida cultural.
Valparaíso es un laberinto de calles empinadas, donde los ascensores antiguos te llevan a explorar miradores con vistas espectaculares del puerto.
Caminamos por sus calles decoradas con grafitis que cuentan historias de resistencia y creatividad, y exploramos el puerto que fue alguna vez el más importante del Pacífico Sur.
A pocos kilómetros de Valparaíso, Viña del Mar nos ofreció un ambiente completamente diferente.
Conocida como la «Ciudad Jardín», Viña del Mar es más moderna y relajada, famosa por sus playas, parques y su icónico reloj de flores.
Pasamos una tarde disfrutando de la brisa marina y explorando esta ciudad, que ofrece un respiro tranquilo antes de concluir nuestra travesía.
Santiago de Chile: La Capital en la Cordillera















Nuestro viaje no terminó en Valparaíso.
Después de la excursión, nos dirigimos a Santiago de Chile, donde pasamos dos noches antes de regresar a España.
Santiago, ubicada entre la cordillera de los Andes y la costa del Pacífico, es una metrópolis vibrante que combina modernidad y tradición.
Visitamos el Cerro San Cristóbal, desde donde se tiene una vista panorámica de la ciudad, y exploramos el Palacio de La Moneda, símbolo de la historia política de Chile.
El barrio Bellavista nos ofreció una dosis de cultura, con sus coloridos murales y una animada vida nocturna.
La gastronomía chilena nos sorprendió con sus sabores, desde la empanada chilena hasta el pastel de choclo, y aprovechamos para degustar algunos de los famosos vinos chilenos en un viñedo cercano.
Santiago fue el cierre perfecto para nuestro viaje, una ciudad que, aunque diferente a las anteriores, encapsula la energía y diversidad de Sudamérica.
Una de las noches tuvimos ocasión de ver la puesta de sol desde el Costanera Center, que había sido inaugurado en agosto de ese mismo año
¡Fue impresionante!
Al dejar atrás la cordillera y volar de regreso a casa, llevamos con nosotros recuerdos imborrables de un continente lleno de contrastes, naturaleza desbordante y culturas fascinantes.
El MS Zaandam y Holland America: Un Crucero con estilo y tradición
Navegar por los mares del sur a bordo del MS Zaandam fue una experiencia que combinó la exploración de paisajes inigualables con el confort y la elegancia de un crucero de alta categoría.
Perteneciente a la prestigiosa naviera Holland America Line, el MS Zaandam era un buque que reflejaba la rica tradición de la compañía, fundada en 1873, conocida por sus altos estándares de servicio y su enfoque en brindar experiencias culturales y gastronómicas de primer nivel.
Era nuestra quinta vez en esa naviera y estamos deseando volver a navegar con ellos.
Por desgracia, durante ese crucero, en el que viajábamos con mi madre, fue difícil por sus problemas de salud, que se agravaron durante la travesía.
Pero ahora, con la perspectiva del tiempo, creo que ella cumplió uno de sus sueños: conocer Argentina, y aun enferma como estaba, lo disfrutó mucho.
El Barco: Una Sinfonía Flotante














El MS Zaandam, inspirado en la música clásica, tenía una atmósfera única que combinaba la elegancia de los grandes transatlánticos con toques modernos.
Desde que subimos a bordo, nos sentimos rodeados por la armonía de un diseño que rinde homenaje a la música en cada detalle.
El atrio principal tenía un impresionante órgano holandés de estilo barroco.
Era la pieza central de una decoración que incluye instrumentos y recuerdos musicales de artistas icónicos.
Con capacidad para aproximadamente 1,400 pasajeros, el MS Zaandam era lo suficientemente grande como para ofrecer una variedad de instalaciones y actividades.
Pero también lo suficientemente pequeño como para proporcionar una experiencia íntima y personalizada.
Durante los días en alta mar, disfrutamos de diversas comodidades que hicieron que el tiempo a bordo fuera tan memorable como las exploraciones en tierra.
Comodidades y Entretenimiento a Bordo
El barco contaba con múltiples opciones gastronómicas que satisfacen todos los gustos.
Desde el restaurante principal, con su menú de varios platos inspirados en las cocinas internacionales, hasta opciones más informales como el Lido Market.
Cada comida fue una experiencia culinaria en sí misma.
Para los amantes de la alta cocina, el Pinnacle Grill ofrecía la posibilidad de degustar exquisitos cortes de carne y mariscos en un ambiente más exclusivo.
El entretenimiento a bordo fue otro de los aspectos destacados del MS Zaandam.
Los espectáculos nocturnos, en el teatro, incluían actuaciones musicales y de comedia.
Pero también había clases de cocina y catas de vino.
Siempre había algo que hacer.
La música era un tema recurrente en todo el barco, con presentaciones en vivo que abarcan desde jazz en el Ocean Bar hasta la sofisticación de un cuarteto de cuerdas en el Explorer’s Lounge.
Para quienes buscaban relajarse, el Greenhouse Spa & Salon ofrecía una gama de tratamientos de spa.
También había un gimnasio bien equipado con vistas panorámicas al océano.
Además, el barco cuenta con dos piscinas, una de ellas con techo retráctil, lo que nos permitió disfrutar sin importar las condiciones meteorológicas.
El Servicio: La Marca de Holland America
Uno de los aspectos que más destacamos de nuestra experiencia a bordo fue el excepcional servicio proporcionado por la tripulación.
La atención al detalle refleja la larga tradición de Holland America Line de brindar un servicio personalizado y de alta calidad.
Desde el momento en que embarcamos, fuimos recibidos con sonrisas y una disposición genuina para hacer que nuestra estancia fuera lo más placentera posible.
Holland America también se distingue por su enfoque en ofrecer experiencias culturales enriquecedoras.
Durante el crucero, tuvimos la oportunidad de asistir a charlas sobre la historia y la cultura de los lugares que íbamos a visitar.
Esto añadió una capa extra de profundidad a nuestras excursiones en tierra.
Una experiencia inolvidable
El Zaandam no fue solo un medio para llegar a los increíbles destinos de nuestro itinerario.
Fue una parte integral de la experiencia de viaje.
La combinación de lujo, confort, y una atención impecable hizo que cada momento a bordo fuera tan memorable como las aventuras que vivíamos en puerto.
Para quienes buscan un crucero que ofrezca un equilibrio perfecto entre exploración y relajación, Holland America es una elección que no decepcionará.