El quinto día de nuestro viaje por Sicilia fue una jornada intensa pero muy gratificante en la que combinamos historia, naturaleza y gastronomía en Trapani.
Qué ver en Erice, las Salinas de Trapani y la ciudad de Trapani en un día: ruta invernal desde Palermo
Salimos temprano desde Palermo para descubrir el encantador pueblo medieval de Erice. Luego seguimos hacia las Salinas de Trapani. Terminamos el día en la ciudad costera de Trapani, donde nos alojamos en Casa Trapani.
Erice: un salto al pasado entre murallas y niebla


Erice nos recibió con su atmósfera medieval, calles empedradas y vistas que quitan el aliento.
La subida en coche por la SP31, con sus curvas bien mantenidas, ya es toda una experiencia visual que anticipa lo que vas a encontrar.
Este pequeño pueblo en lo alto del monte San Giuliano parece suspendido en el tiempo.
Su centro histórico está perfectamente conservado, con muros de piedra y portales de madera, pero en pleno mes de febrero parecía un auténtico pueblo fantasma.
No nos cruzamos con ningún otro turista y apenas conseguimos encontrar una cafetería abierta para entrar en calor, porque el frío allá arriba era intenso.
La tranquilidad era total, casi irreal, lo que le daba al paseo un aire misterioso y muy distinto al habitual bullicio turístico de otros meses.
Castillo de Venus



Ubicado en un extremo del pueblo, el castillo ofrece uno de los mejores miradores de Erice.
Desde allí se obtiene una vista panorámica de la costa de Trapani, las salinas e incluso, en días despejados, las islas Egadas.
Aunque actualmente solo se conservan algunas ruinas del castillo original, el recinto está bien acondicionado para la visita. Hay caminos señalizados, zonas ajardinadas y varios puntos de observación.
Es una parada recomendada tanto por su valor histórico como por el entorno natural en el que se encuentra.
Chiesa Matrice (Chiesa Madre o Real Duomo)
Construida en el siglo XIV por orden de Federico III de Aragón, esta iglesia fue dedicada a la Asunción de la Virgen. Destaca por su sobriedad gótica.
Su exterior, de piedra gris, contrasta con un interior bastante más elaborado. En él sobresalen las bóvedas de crucería, las columnas decoradas y un altar mayor con detalles neogóticos añadidos en reformas posteriores.
Justo al lado de la iglesia, pero separado de ella, se alza el campanario, originalmente una torre defensiva y más tarde reconvertido en torre campanario.
Por un pequeño importe se puede subir a lo alto de la torre, desde donde también se obtienen buenas vistas del casco histórico.
Es uno de los elementos más reconocibles de Erice y una visita recomendable tanto por su valor arquitectónico. Además, la vista que ofrece del pueblo es impresionante.
Nosotros no subimos, porque hacía mucho frio, jajajajaja.
Paseo por el casco histórico




El centro de Erice es un entramado de callejuelas empedradas, muros de piedra, iglesias antiguas y pequeñas plazas.
A pesar de su reducido tamaño, caminar por él lleva su tiempo. Esto se debe a la inclinación del terreno y a la naturaleza irregular de las calles.
El ambiente, al menos en invierno, es muy tranquilo, casi desierto.
Durante nuestro paseo no nos cruzamos con otros visitantes. Además, muchos locales de negocio estaban cerrados, lo que contribuyó a esa sensación de estar en un lugar detenido en el tiempo.
Aun así, merece la pena recorrerlo sin prisas, disfrutando de su arquitectura medieval y de los detalles que van apareciendo a cada paso.
Pasticceria Maria Grammatico
Una de las visitas más esperadas en Erice era la de esta pastelería tradicional. Es conocida por sus dulces elaborados con recetas heredadas de las monjas del convento.
Sin embargo, nos encontramos con que estaba cerrada, probablemente por ser temporada baja.
Fue una pequeña decepción, ya que es uno de los lugares más recomendados para probar especialidades como las genovesi, los bocconcini o los pasteles de almendra.
Otra razón más para volver en otra época del año.
Las Salinas de Trapani: molinos de viento y paisajes únicos
Reserva Natural Saline di Trapani e Paceco






Esta zona protegida, gestionada por la organización WWF Italia, abarca unas mil hectáreas de salinas costeras entre Trapani y Paceco.
El sistema de estanques de evaporación se remonta a la época fenicia. Ha sido explotado durante siglos, manteniéndose en funcionamiento gracias a técnicas tradicionales que hoy conviven con la conservación ambiental.
El paisaje es muy singular. Se pueden ver montones de sal blanca recubiertos de tejas para protegerlos de la lluvia, canales de agua salada, aves migratorias como los flamencos y los característicos molinos de viento, que en su día servían para bombear agua entre los depósitos.
Durante nuestra visita, a media mañana, no había apenas otros visitantes.
Disfrutamos del entorno en completa tranquilidad, paseando junto a los canales y deteniéndonos en los miradores habilitados.
En febrero, el cielo gris y la luz suave daban al paisaje un aire sereno, incluso melancólico, muy distinto al que probablemente ofrece en verano.
Aunque muchas zonas están cerradas al público, es posible recorrer libremente los márgenes. Hay puntos señalizados para observar la fauna y entender el funcionamiento del sistema salinero.
Museo del Sale
Ubicado junto a uno de los molinos restaurados, este pequeño museo explica de forma sencilla el proceso artesanal de producción de sal.
En su interior se pueden ver herramientas antiguas, fotografías históricas y maquetas. Estas muestran cómo se distribuía el trabajo entre las distintas fases: llenado, evaporación, recolección y almacenamiento.
También hay una pequeña tienda con productos locales, como sal aromatizada, cosmética natural y artículos artesanales.
Almuerzo junto a las salinas
Para comer, hay varios restaurantes ubicados en la carretera que bordea la reserva.
Nuestra intención era probar alguno de los recomendados, como la Trattoria del Sale. Está especializada en pescado y mariscos frescos. Sin embargo, en febrero muchas cocinas solo abren fines de semana o con horario reducido.
Finalmente, encontramos un local abierto a la entrada de Trapani, sencillo pero correcto. Pudimos comer un plato de pasta y algo de pescado antes de continuar el viaje.
Esta es una de las realidades del viaje en temporada baja: menos opciones, pero también menos prisas y más autenticidad.
Trapani: ciudad costera con sabor local




Tras la visita a las salinas y la parada para comer, llegamos a Trapani a primera hora de la tarde.
Se trata de una ciudad portuaria de tamaño medio, situada en la punta occidental de Sicilia. Tiene un centro histórico que mezcla arquitectura barroca, palacios señoriales, iglesias y estrechas calles empedradas.
Su historia ha estado siempre ligada al mar, al comercio y a la pesca. Aún conserva ese aire de ciudad marinera. Se respira especialmente en su paseo marítimo.
Alojamiento en Casa Trapani: sencillo, funcional y bien ubicado











En esta etapa del viaje nos alojamos en Casa Trapani, un apartamento turístico ubicado en la Via Livio Bassi. Es una calle amplia con facilidad para aparcar y cercana al centro histórico.
Aunque preferimos alojarnos en hoteles, en este viaje nos vimos obligados a recurrir con frecuencia a apartamentos tipo Airbnb o similares. Esto se debió a la escasa oferta hotelera en muchas localidades fuera de temporada.
Casa Trapani resultó ser una opción funcional: habitación amplia, cama cómoda, baño privado y una pequeña zona de cocina equipada con lo básico.
La decoración es moderna y neutra, sin grandes pretensiones, pero adecuada para una estancia de una o dos noches.
No dispone de recepción. Por lo tanto, el check-in se realiza coordinando directamente con el anfitrión. Nos contactó por correo electrónico con instrucciones claras y se mostró puntual y amable a nuestra llegada.
Un detalle curioso es que el desayuno no se sirve en el alojamiento, sino en un bar cercano, a unos 30 metros.
Tiene un coste adicional de 2,5 € por persona, que incluye un café y una pieza de bollería, como es habitual en muchos establecimientos sicilianos.
En resumen, Casa Trapani es una buena opción si se busca un alojamiento práctico y sin complicaciones. Especialmente, para quienes viajan en coche y valoran poder aparcar cerca y moverse con facilidad.
Conclusión del día 5: un recorrido tranquilo entre historia y naturaleza
Paseando por el casco antiguo de Trapani
Dedicamos el final de la jornada a dar un paseo tranquilo por el casco antiguo, sin un rumbo concreto. Simplemente nos dejamos llevar por la Via Garibaldi, la zona del mercado del pescado y el Lungomare Dante Alighieri.
Aunque la ciudad no tiene la monumentalidad de otras localidades sicilianas, sí ofrece una experiencia más local y auténtica.
Eso sí, en febrero, al igual que en Erice, la ciudad a partir de las 17:00 estaba prácticamente vacía.
Muchos comercios y restaurantes cerrados, apenas gente por las calles y muy poco ambiente.
Cenando pescado fresco en Trapani
A pesar de ello, Trapani tiene buenas opciones para cenar si se buscan con antelación.
Nosotros cenamos en una trattoria local, dónde disfrutamos un buen pescado y calamar a la plancha.






¡Estaba delicioso!
Tendremos que volver en temporada de atun rojo, que es una de las delicias que se pueden comer en Trapani durante la costera del atún.
Trapani, parada técnica en un viaje por Sicilia
En resumen, Trapani es una parada práctica y bien situada para explorar el oeste de Sicilia.
No ofrece grandes emociones, pero sí una dosis de vida cotidiana siciliana alejada del turismo masivo.
Este día fue uno de los más variados del viaje, combinando paisajes de montaña, patrimonio medieval, tradición salinera y vida urbana.
A pesar del frío y de la escasa actividad en los lugares visitados —algo habitual en Sicilia durante febrero—, pudimos disfrutar de cada parada con calma y sin prisas.
Erice, aunque casi desierto, nos ofreció una experiencia única, muy diferente a la que se puede vivir en temporada alta.
Las salinas de Trapani nos mostraron una cara distinta de la isla, más ligada al trabajo artesanal y a la interacción con el entorno natural.
Y Trapani, aunque apagada al atardecer, resultó ser una ciudad práctica para hacer base y reponer fuerzas.
Viajar a Sicilia en invierno tiene, sin duda, sus ventajas. No hay aglomeraciones, los precios son más bajos y se puede disfrutar de los destinos sin el bullicio habitual.
Pero también hay que tener en cuenta que muchos servicios están cerrados o funcionan a medio gas, lo que puede limitar algunas experiencias.
Aun así, esta jornada fue un buen ejemplo de cómo, incluso en temporada baja, Sicilia conserva todo su atractivo. Ofrece historia, paisajes, buena gastronomía y, sobre todo, autenticidad.
Consejos prácticos para el Día 5: Palermo → Erice → Salinas → Trapani
- ⏰ Hora recomendada de salida desde Palermo: 08:30
- 🛣️ Ruta en coche: Palermo → A29 → SS187 → SP31 → Erice → SS115 → Salinas → Via Libica → Trapani
- 🅿️ Dónde aparcar:
- En Erice: Parcheggio Porta Trapani
- En Trapani: Parcheggio Multipiano o alrededores del alojamiento
- 🧥 Qué llevar si viajas en invierno:
- Ropa de abrigo (especialmente para Erice, donde el frío es intenso)
- Calzado cómodo para caminar por calles empedradas
- 🍽️ Restaurantes recomendados:
- Zona Salinas: Trattoria del Sale (si está abierto)
- En Trapani: Cantina Siciliana y Osteria Vineria A Casa Mia
- 📍 Qué ver imprescindible:
- Castillo de Venus y Chiesa Matrice en Erice
- Reserva Natural de las Salinas de Trapani e Paceco
- Paseo por el centro histórico de Trapani
- ⚠️ Ten en cuenta:
- En febrero muchos locales pueden estar cerrados
- El ambiente en pueblos y ciudades decae a partir de las 17:00
One Comment on “Día 5: De Palermo a Trapani pasando por Erice y las Salinas”