Después de dos días intensos explorando Catania, Savoca y Taormina, era momento de trasladarnos de Catania a Palermo y dirigirnos hacia otro de los grandes atractivos de Sicilia.
Para ello, tomamos la Autopista A19, que conecta Catania con Palermo en menos de tres horas.
Aunque no es la ruta más panorámica, decidimos hacer una parada estratégica en Cefalù, uno de los pueblos costeros más encantadores y con mayor historia de Sicilia.
Salida de Catania y camino hacia Cefalù
Iniciamos nuestro viaje temprano, alrededor de las 8:30 de la mañana, dejando atrás Catania bajo un cielo ligeramente nublado.
La A19, aunque carece de vistas espectaculares, es gratuita y eficiente, lo que nos permitió llegar a Cefalù a las 10:30, justo a tiempo para disfrutar de la mañana en este pintoresco pueblo marinero.
Explorando Cefalù
Paseo por el Lungomare












Uno de los lugares más agradables de Cefalù es su Lungomare, un paseo marítimo que bordea la playa y ofrece vistas inmejorables del mar Tirreno.
Este amplio y tranquilo paseo invita a caminar sin prisas, observando cómo las casas del centro histórico parecen asomarse directamente al mar.
El ambiente es relajado: locales paseando, pescadores trabajando y turistas disfrutando de la brisa marina.
La amplia playa de arena dorada es perfecta para un baño o simplemente para sentarse y contemplar el horizonte.
Uno de los momentos más especiales fue detenerme frente a las icónicas casas al borde del mar, con sus fachadas coloridas y desgastadas por el salitre, que tantas veces había visto en fotos y reportajes.
Estar allí, capturando esa imagen con mi cámara, fue una experiencia emocionante y gratificante.
Calles de Cefalù: vida cotidiana y esencia siciliana














Más allá de sus monumentos, lo que realmente nos cautivó de Cefalù fue el ambiente de sus calles.
Mientras paseábamos por el centro histórico, nos fijamos en los pequeños detalles que hacen de este pueblo algo tan especial.
Las fachadas coloridas con la ropa tendida de lado a lado, moviéndose al ritmo del viento, y las esquelas pegadas en los escaparates o portales, anunciando la muerte de los vecinos, una costumbre muy arraigada en los pueblos sicilianos.
Cefalù es una ciudad viva, donde el día a día transcurre casi igual que hace décadas.
Historia y lugares emblemáticos
Cefalù fue fundada por los griegos, aunque alcanzó su mayor esplendor durante la época normanda.
De esa etapa destaca su símbolo más conocido, la impresionante Catedral de Cefalù, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Además, merece la pena visitar el antiguo Lavatoio Medievale, un lavadero público excavado en la roca, o caminar hasta la base de La Rocca, la montaña que se alza sobre el pueblo y desde donde se obtienen vistas espectaculares.
Eso sí, se requiere energía para la subida.
Perderse por sus callejuelas y sentarse en alguna terraza del Lungomare para contemplar el mar Tirreno es parte de la experiencia que convierte a Cefalù en una parada imprescindible en cualquier ruta por Sicilia.
La Catedral de Cefalù: Un símbolo normando y Patrimonio UNESCO
Uno de los grandes iconos de Cefalù es su Catedral, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con la de Monreale, como parte del conjunto de monumentos árabo-normandos de Sicilia.
Esta imponente construcción domina la plaza central del pueblo, con su fachada robusta flanqueada por dos torres y detalles arquitectónicos que reflejan la mezcla de estilos bizantino, árabe y normando.
Lamentablemente, no pudimos visitarla por dentro debido a sus horarios restrictivos, ya que no abre todos los días y suele cerrar al mediodía.
Sin embargo, la belleza exterior de la catedral y su presencia imponente ya merecen la visita.
Al día siguiente, tendríamos la oportunidad de visitar su «hermana», la Catedral de Monreale, también Patrimonio de la Humanidad, famosa por sus impresionantes mosaicos dorados.
Almuerzo con arancini sicilianos
Tras disfrutar de una cerveza local, hicimos una parada rápida para comer algo antes de retomar la carretera.
Aunque teníamos varias opciones en mente, como la Focacceria Antica Porta Terra o el Ristorante La Brace, nos decantamos por la típica street food siciliana: el arancini.
El arancini es uno de los bocados más populares de la comida callejera siciliana.
Se trata de una generosa bola (o a veces con forma de cono) de arroz rellena, empanada y frita hasta conseguir un característico tono dorado y crujiente.
El relleno más tradicional es de ragú de carne, con guisantes, salsa de tomate y un toque de queso fundido, aunque también existen versiones con jamón y mozzarella, pistacho, espinacas o marisco.
Comprarlo en cualquier mostrador, envuelto en papel, y comerlo mientras paseas por el puerto o el centro histórico es toda una experiencia.
Nosotros probamos el clásico relleno de carne y quedamos encantados.
Rumbo a Palermo y llegada al hotel
Sobre las 13:15 retomamos el camino hacia Palermo, con la intención de hacer una parada en la famosa Pasticceria Costa, en la Vía Giosuè Carducci, 15.
Sin embargo, llegamos con lluvias torrenciales e inundaciones en las calles, así que el café y los dulces tuvieron que esperar.
Sorteando un tráfico infernal debido al mal tiempo, nos dirigimos directamente al hotel.
Llegamos al Astoria Palace Hotel alrededor de las 14:30.
El hotel se encuentra fuera de la ZTL, por lo que pudimos acceder sin problemas con nuestro coche.
Dispone de aparcamiento privado por 12 € al día, aunque también hay plazas gratuitas en la calle principal frente al hotel.
En otras zonas de Palermo, se debe tener en cuenta la normativa ORA de aparcamiento regulado.
Para quienes deseen entrar en la ZTL, es posible adquirir un pase diario por unos 5 € en cualquier estanco.
El Astoria Palace Hotel, de 4 estrellas, está ubicado cerca del puerto, en una zona tranquila pero bien comunicada.
La habitación era sencilla pero cómoda, ideal para descansar.
Aunque el hotel tiene instalaciones amplias, la decoración y servicios nos parecieron algo anticuados, pero cumplió perfectamente su función.
Tarde de descanso y slow travel
Nuestra idea era salir a explorar Palermo esa tarde, pero tras varios días de actividad intensa y con la ciudad inundada, decidimos descansar.
Cada vez valoramos más el slow travel, una forma de viajar que prioriza disfrutar sin prisas y saborear cada momento.
Esa tarde optamos por recargar energías y disfrutar de un rato tranquilo en el hotel antes de seguir explorando al día siguiente.
Cena en Trattoria Ambasciata














Para cerrar el día, encontramos un verdadero acierto junto al hotel: la Trattoria Ambasciata.
Un local sencillo y familiar, con paredes llenas de fotografías y un ambiente auténtico.
Cenamos unas deliciosas verduras asadas, calamar a la plancha y pasta casera, todo acompañado de vino local.
Una cena sabrosa y sincera, perfecta para culminar la jornada.
Conclusión
Este día fue más de transición, pero igual de especial.
Descubrir Cefalù, cenar en Palermo y tomarnos la tarde para descansar también forma parte de viajar a nuestro ritmo.
Y tú, ¿te consideras slow traveler o prefieres aprovechar cada minuto al máximo?
¡Cuéntamelo en comentarios!


















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