Qué hacer en una escala de crucero en Bari

Tras zarpar de Venecia, nuestra siguiente escala era en Bari.

La llegada del barco estaba prevista para las 13.00 horas.

Divirtiéndonos a bordo del Splendour of the Seas

Por ello, y después de desayunar en el Winjameer, decidimos aprovechar la mañana con las actividades que se ofrecían a bordo.

Primero, probamos suerte e intentamos jugar unas partiditas en el minigolf.

Como veis, este deporte no es precisamente uno de los que mejor se le dan a Der Spion.

La pelotita se le escapaba por los lugares más difíciles.

Al final decidió invertir las reglas del juego y jugar a algo que se le da algo mejor.

Pese a ello se animó a presentarse al Torneo de Golf para hombres.

Huelga decir que lo descalificaron en el segundo hoyo, pero en su defensa diremos que había verdaderos profesionales a bordo.

Al menos se atrevió, porque en mi caso, está claro que no he nacido con dotes para jugar al golf.

Por ello, intenté aprovechar la mañana en el gimnasio, pero no terminaba de seducirme lo del spinning al aire libre, ni lo de practicar ese deporte tan raro en el que ya por entonces había que ponerse una mascarilla.

Así que cambié de idea y me dediqué a pasear por la cubierta.

El día estaba precioso y el mar tenía una tonalidad especial.

Tanto paseo y tanto deporte nos levantó el apetito.

Nos animamos a probar el risotto que habían preparado en la piscina, y estaba francamente bueno.

Mientras, en el Atrium, los japos y los americanos se esforzaban en bailar la macarena.

Paseando por Bari

A las 13.00 horas bajamos a Bari.

Aviso a navegantes:

El puerto está muy, pero que muy cerca, de la zona monumental de la ciudad, pero como no lo sabíamos nos gastamos 10 $ por barba en el shuttle que ofrecía la naviera.

Una vez en el centro de la ciudad, nos encontramos que ese día, 4 de noviembre, se celebraba algo similar a nuestro Dia de las Fuerzas Armadas.

Así qué nos adentramos en una exposición de artilugios militares que allí había para curiosear y sacar alguna fotografía.

La contemplación de tanto uniforme despertó en mi una pasión, hasta entonces oculta, pero supongo que heredada de mi madre, de fotografiarme con todo ser uniformado que encontraba a mi paso.

La ciudad de Bari

Bari es la segunda principal ciudad de la Italia meridional tras Nápoles.

A mí me recordó mucho a Cagliari, en Cerdeña.

Aunque, salvando las distancias, en las dos ciudades tuve la impresión de que el tiempo se había detenido, y me recordaban mucho a la España de principios de los 70.

Me llamó la atención en especial la profunda espiritualidad que se respira por toda la ciudad.

La Fortaleza de Bari

Seguimos callejeando por la zona antigua y nos acercamos a la Fortaleza, aunque no entramos.

El castillo normando-suevo de Bari es una de las principales joyas monumentales de la capital de Puglia.

Sus orígenes se remontan a la época greco-romana, aunque la fortificación medieval probablemente data de 1132 y su construcción fue ordenada por el rey normando Roger II.

Tras sucesivas transformaciones, la fortaleza pasó a formar parte de la Corona de Aragón.

Fue transformada en una residencia, para hospedar, entre otras personalidades, a Isabel de Aragón.

Cuando digo que me recuerda a la España de principios de los setenta lo digo también por estas tiendecillas, con estos productos tan variopintos, pero tan «vintage».

San Nicolas de Bari

Nos acercamos hasta la Basílica de San Nicolas, y alucinamos con la cantidad de gente que, llegada desde un montón de sitios lejanos, estaba allí.

En especial, nos llamó muchísimo la atención un grupo de mujeres, creemos que rusas, que participaban en una sentida y emotiva liturgia ortodoxa.

Las fotos demuestran la absoluta devoción que siente esta gente por San Nicolas.

Curioseando en la Wikipedia, he visto que San Nicolas, además de ser el Patrón de Bari, es también el patrón de Grecia, Turquía y Rusia, además de ser venerado en multitud de ciudades a lo largo de todo el mundo.

Como sus restos se encuentran en Bari, este santuario se ha convertido en un lugar de peregrinación para miles de fieles.

Imbuidos de la religiosidad que se respiraba, nosotros también cumplimos con el ritual de escribirle un mensaje a San Nicola.

Una tarde a bordo

Era domingo, y las tiendas estaban cerradas a cal y canto, así que, después de tomarnos un refresco en una plaza en el centro de la ciudad, decidimos volver al barco y abrirnos la botella de vino italiano, comprada en Venecia, y que habíamos subido en el momento del embarque.

Después de una siesta, nos fuimos a tomar unos vinitos al Viking Crown, con la intención de probar las tapas que allí sirven.

Tras el aperitivo, disfrutamos del ambiente que se respiraba en el atrium, dónde la animación del barco y los pasajeros venezolanos se esforzaban en enseñar a bailar cumbias y merengues a los japoneses.

Cena en el Splendour of the Seas

Esta fue nuestra cenita ese día ¡¡estábamos hambrientos!!

Acompañada de un buen vino, del paquete platino que habíamos comprado por internet antes de embarcar, consistente en siete botellas a elegir de las seleccionadas por RCI.

Este shiraz estaba francamente bueno.

Después de la cena, gin tonic en el Schooner Bar, amenizado por nuestro amigo Anselmo y su piano, y a dormir, porque estábamos muertos

La siguiente escala sería en Corfú.

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