Explorando Hamburgo a bordo del Balmoral

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Tras una tormentosa jornada de navegación, el Balmoral de Fred Olsen llegaba a Hamburgo a las diez de la noche del 18 de agosto.

Mientras preparaba el crucero, me las había prometido muy felices pensando que esta larga escala de dos noches nos permitiría descubrir la noche hamburguesa y disfrutar de una buena cena en puerto, pero el aguacero con el que nos recibió la ciudad rápidamente nos quitó la idea de la cabeza las dos noches que permanecimos en puerto.

La oficialmente  Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo es una ciudad-estado situada al norte de Alemania, con casi dos millones de habitantes y más de cinco en su área metropolitana,  siendo la ciudad más poblada del país, después de Berlin.

Su puerto es el segundo más grande de Europa, tras el de Rotterdam y durante la Segunda Guerra Mundial fue completamente devastada por los bombardeos aliados.

El sábado 19, pese a que la lluvia continuaba, decidimos aventurarnos y dar una vuelta, por lo que bien pertrechadas de chubasqueros nos encaminamos al centro de la ciudad, a la Plaza del Ayuntamiento, donde se erige el imponente Rathaus (Ayuntamiento), un impresionante edificio de finales del siglo XIX con una hermosa fachada barroca adornada con estatuas de emperadores.

El frío a esas horas era mortal, pero el chocolate caliente y el cafelito en el Ponton Café Restaurante nos hizo entrar en calor y nos permitió continuar el paseo hasta la Iglesia de San Pedro, la más antigua de la ciudad, reconstruida en  1849 después de que su estructura se quemara en el Gran Incendio de 1842, tras el que únicamente sobrevivió el pomo izquierdo de la puerta de entrada, como he podido leer en algún sitio.

Tras visitar el exterior de la Iglesia, ya que su interior no está adaptado para personas con discapacidad, continuamos el paseo por el Lago Alster, en el mismo centro de Hamburgo, que se divide en el Alster Interior (Binnenalster) y el Alster Exterior (Außenalster).  Con una superficie de 164 hectáreas, el Alster exterior es una de las postales más conocidas de la ciudad, y sus alrededores son perfectos para hacer deporte.

Las calles aledañas están repletas de tiendas de marca, entre las que, como no podía ser de otra manera, se cuela el Zara de mi paisano Ortega.

La lluvia no daba tregua, por lo que tocaba un nuevo alto en el camino, esta vez para comer en el restaurante Block House, que ya conocíamos de nuestra estancia en Berlin, y que nuevamente no nos defraudó.

Pese a ser una escala larga, la climatología no nos permitió disfrutarla en toda su profundidad, por lo que dejamos pendiente para una próxima visita, la zona portuaria, con sus canales y el barrio marinero o zona roja de Reeperbahn, la Filarmónica del Elba, que solo pudimos contemplar desde el barco, HafenCity, y el nuevo proyecto de la zona de los almacenes (Speicherstadt), entre otros.

El domingo 20 de agosto, a las 6.00 a.m el Balmoral ponía rumbo a Bremen, pero esa será otra historia.

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